Serie Wikén Para Tres: Fearless

Viernes, 17 de febrero en la noche

 

Después de un largo día, disfrutamos de un rico y merecido power nap. Pasadas unas cuantas horas el hambre comenzaba a dejarse sentir. No sé si ya les había mencionado que era "fin de semana largo", lo que explicaba el por qué de tanta gente en Culebra. Así que conseguir un taxi a las 8 de la noche era la gran misión.  Luego de varias llamadas, logramos conseguir uno, pero tardó tanto que estuvimos a punto de quedarnos en el Airbnb y cenar lo que nos quedaba de munchies, que tampoco era la gran cosa.

Finalmente, el taxista pasó a recogernos. Ya eran casi las 10pm, si mal no recuerdo. Así que de todas las opciones que habían, que eran como tres, terminamos en una pizzería. ¡Vaya qué pizzas aquellas! Sí, comimos bastante y como si no hubiese sido suficiente el parloteo desde las 4 de la madrugada, esa noche hablamos tanto que se nos olvidó que no debíamos tardar mucho, pues los taxistas dejaban de operar a cierta hora. Qué bueno que nos acordamos, el problema es que fue un poco tarde. Ya era un poco más de la hora de salida de los taxistas y no hubo forma de que se nos diera el milagrito.

Stella y yo comenzábamos a entrar en una crisis interna, mientras Valerie mantenía el temple como quien tuviese todo bajo control. Una empleada de la pizzería nos ayudó a llamar, por si a ella le contestaban primero, pero no funcionó. Una señora, residente de la isla se dio cuenta de lo que estaba pasando y con una gran seguridad y total normalidad nos dijo: —"Pero si no están muy lejos pueden irse a pie, aquí no pasa nada, esto es bien tranquilo".  

—¿Qué? ¿A pie? ¿A esta hora? Pero si apenas me acuerdo dónde nos quedamos.
Eso pensé yo y estoy casi segura que Stella también. Valerie ya no los había sugerido, pero aún teníamos la esperanza de que alguien viniera a socorrernos. Nadie apareció, así que nos tocó la caminata de regreso. Y aclaro, el problema no era caminar, el problema era acordarse del camino.

Al principio estábamos bastante tranquilas, pues aún había gente, se escuchaba música y estaba la calle más alumbrada. De pronto el bullicio fue desapareciendo, había menos luz, más frío, el camino parecía otro y el nerviosismo comenzaba a robarnos la seguridad de que íbamos en la dirección correcta. Valerie siempre fue optimista y siempre estuvo segura de que no estábamos perdidas, mientras que Stella y yo no sabíamos si seguir caminando o regresar. 

Tratamos de adoptar la tranquilidad de Val, pero llegó un punto que la insistencia de Stella y yo de que estábamos perdidas le preocupó (creo) . Un poco antes, pasamos frente a una estación de policías. Me vi tentada a pedir ayuda, pero pensamos que estaríamos haciendo el ridículo.

Minutos después: (Teléfono sonando) —Buenos noches, estación de policías de Culebra...

No sé si fue eso lo que dijo, pero sí, terminamos llamando a la policía.  Les confieso que suelo ser experta cuando de hacer papelones se trata, así que no tuve reparos en ser yo quien llamara a la policía para que nos ayudara. Si ya era suficiente loco con estar perdidas EN CULEBRA a la tantas de la noche, algo más no haría mucha diferencia.

El policía trato de ser buena gente, pero se notaba a leguas que moría por reírse. Finalmente no le costó otro remedio, pues cuando me hizo la pregunta "¿Dónde están en este momento? yo ni sabía la hora que era. ¡Qué desastre!

Bueno, luego de poder localizarnos, el plan era esperarlos en ese lugar y ellos nos darían el ride hasta el apartamento (#otropapelón).

Llegaron, nos subimos al auto. No pasó ni un minuto (literal) cuando... —Wait! OMG! Es aquí... Sí, sí, es aquí...
Valerie, llorando de risa: —¡Se los dije, estábamos cerca! Estábamos en la dirección correcta. (Gracias Valerie, por todo tu apoyo 😂)

Bueno, pues había que cerrar con broche de oro ¿no? Demás está decirles que todos terminamos muertos de la risa. De seguro, aquellos policías nos estuvieron vacilando un buen rato luego de irse. 


LECCIÓN #3

Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, de amor y de autodisciplina.

—2 Timoteo 1:7 NTV


Siempre estuvimos en el camino correcto, pero la inseguridad nos hizo ver otra cosa. Por alguna extraña razón, cuando tenemos un reto frente a nosotros, primero vemos los "no puedo" antes que las posibilidades. El miedo nos hace ver cosas que no hay y obstáculos que solo son producto de nuestra mente. Dios nos promete llenarnos de fuerza, valentía, de poder y dominio propio. Nos promete estar con nosotros en cada desafío. Solo nos toca confiar en Él, a pesar del miedo. 

Cuando llegues al otro lado te darás cuenta que todo era más fácil de lo que pensabas. A veces, cuando más miedo sentimos, es cuando más cerca estamos de llegar al otro lado. No importa el panorama, no dejes de intentarlo. 

—miredys