No se trata de ti

Hace unos años atrás el área en donde vivo era muy distinta. Antes estábamos rodeados de muchos árboles y vegetación, ahora nuestra vista es de casas, apartamentos y una avenida que funciona como pista para aquellos que nos gusta caminar en espacios abiertos. Aunque luce muy bien, extraño el verdor que hacía particular la casa en la que vivo desde muy pequeña.

 Hace unos meses, comenzaron a construir un nuevo complejo de apartamentos. Ya ni necesito poner la alarma, pues el ruido de los trabajadores a tempranas horas de la mañana me despierta y no me queda otra que salir de la cama. En estos días, le dije a mi novio: —Entré al website de los apartamentos y vi el resultado final, se ven espectaculares. Lo curioso es que observo el proyecto bajo construcción y aún no puedo visualizarlos como se supone que queden. Y como muchas veces me responde Darío cuando pasan o decimos cosas que parecen profundas: —Babe, eso está brutal para un escrito. 

 ¿Qué creen? Aquí estoy escribiendo sobre eso. 

 Hoy, mientras leía Vive, ama, lidera de Brian Houston, repaso la historia de un hombre llamado Gedeón. A él le pasó lo que a mí con los apartamentos, no podía visualizar lo que él realmente era, sino lo que creía ser. El hecho de que ahora no luzcamos como el resultado final, no significa que no cumplamos con el diseño, simplemente estamos bajo construcción. 

 Gedeón tenía una misión que cumplir. El problema es que sentía que era demasiado para él. En lo que tenía razón. Pastor Brian decía: “Los planes que Dios tiene para ti siempre son más grandes que tú, y nunca van a ser sencillos de lograr en tu propia fuerza.” Es normal que el miedo, la inseguridad, la ansiedad y hasta la vergüenza afloren cuando estemos frente al propósito de nuestra vida. Sin embargo, olvidamos que no se trata de nosotros (Salmo 115:1). 

 En un momento dado, en la historia vemos que un ángel le dice a Gedeón: El Señor está contigo, varón esforzado valiente. —Wait! ¿qué? Me imagino a Gedeón bastante confundido por lo que estaba escuchando. Así como yo cuando miraba el diseño final de los apartamentos vs. el estado actual. Nada hace sentido. 

Gedeón no internalizó lo que Dios le estaba diciendo. Solo escuchaba el ruido ensordecedor de la crisis. Y aunque él insistía en las imposibilidades vemos que las respuestas de Dios siempre apuntaban al cumplimiento de ese propósito: Vé con esta tu fuerza, ¿No te envío yo?, Yo estaré contigo, Paz a ti, no tengas temor…

Nuestra misión no se trata de ver el resultado final, sino de creer en al autor del diseño. Se trata de lanzarme con lo que tengo, creyendo que él me dará y hará lo necesario para que la visión que aguarda en mi corazón se materialice con cada paso que doy. Aunque lo que veo ahora no me hace sentido, pueda descansar en la promesa de que todo obra para bien y que él tiene un futuro y una esperanza para mí.

Si Dios ha puesto una misión en tus manos, no te compares con otros, no mires tus imperfecciones o los obstáculos que se presentan. Cree solamente. Disfruta el trayecto, crece en el proceso, explora y enfócate en las promesas, pues son ellas las que en los momentos más complejos te ayudarán a continuar.

 Te dejo con una frase que encontré ayer y me encantó: “No dejes que lo que no puedes hacer interfiera con lo que puedes hacer”. — John Wooden

—MIREDYS