El precio de la vulnerabilidad

 Era un sábado casi al medio día, en una reunión de mujeres extraordinarias. Ese día escuché el mejor discurso sobre la vulnerabilidad. No la había visto tan real y tan clara como en aquel día. 

 La palabra vulnerable viene del latín vulnerabilis, formada por vulnus (herida) y el sufijo -abilis (-able, indica posibilidad). VulnerableQue, con mayor riesgo que el común, es susceptible de ser herido o lesionado física o moralmente.

 Ser vulnerables nos aterra. Sí, la vulnerabilidad abre camino a la vergüenza y al dolor, pero es el paso que necesitamos dar para romper ciclos destructivos, para soltar cargas innecesarias, para cambiar conductas dañinas y ser lo suficientemente sensibles para recibir lo que más necesitamos, amor. 

 Es imposible amar o recibir amor sin ser vulnerables. Es imposible cambiar y ver nuestra oscuridad sin ser vulnerables. Es imposible disfrutar a plenitud de la alegría sin ser vulnerables. Hay que correr el riesgo. La vulnerabilidad puede ser nuestra aliada, pero preferimos ser sus enemigos.

Parece fácil crear una barrera para cuidarnos de las emociones negativas, del miedo o de lo que puede ser una lanza para nuestro corazón. Pero no podemos desensibilizarnos solo de algunas emociones nada más. Es todo o nada.  Brené Brown experta en este tema expresó: “Sé que la vulnerabilidad es el núcleo de la vergüenza y el miedo, y de nuestra lucha por la dignidad. Pero también es donde nace la dicha, la creatividad, la pertenencia, el amor...”

Muchos hemos desarrollado miedos y ansiedad en nuestra vida por el simple hecho de no permitirnos ser vulnerables. Creemos que por otros depender de nuestra supuesta estabilidad debemos parecer infalibles y si derrumbamos esa imagen, aquellos que nos siguen se afectarán. El problema es que con una “buena intención” estamos llevando el peor ejemplo de salud emocional.

¿No crees que es irracional y deshonesto el mostrarles a otros una fortaleza que no somos capaz de llevar? Podremos hacerlo durante un tiempo, pero en el algún momento la vida nos pasará factura de todas las emociones que almacenamos sin procesar, de todas las veces que preferimos aislarnos antes de estar cerca, de las oportunidades que no vivimos por el miedo a fracasar. 

Solo quiero decirte lo que en ese discurso aprendí y hoy recordé (gracias Netflix por el documental de Brené Brown y gracias Val por aquellas palabras): La vulnerabilidad no es sinónimo de debilidad, sino de coraje y valor.  

Ten la osadía de ser imperfecto. Abraza tu dolor y vergüenza, no para aferrarte a ellos sino para entender que las sombras también son parte de la vida y traen consigo una nueva oportunidad de crecer, de amar y de ser amado. 

Vive tus procesos, muéstrate tal cual eres y no cargues más el peso de una falsa imagen por el simple hecho de parecer fuerte e indestructible. No importa lo que digan, ser vulnerable es necesario y si aprendemos de ello, seremos más resilientes ante la adversidad. El precio de la vulnerabilidad podría parecer muy alto, pero mayores son las ganancias de vivir con el coraje de ser nuestra mejor versión y amar a los demás tal como nos amamos a nosotros mismos con libertad y sensibilidad.

—Miredys

El Sermón del Monte

  Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: 
Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. 
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. 
Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. 
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. 
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. 
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

 —Mateo 5: 1-9